Born depressed — Desconfiando de la felicidad

Por algún motivo últimamente me siento más bombardeado de lo usual por la propaganda de filosofías “positivas”, que lo instan a uno a “buscar la felicidad”, “deshacerse de los pensamientos negativos” y otras tarugadas por el estilo. Encuentro a seguidores de esas cosas muy seguido, sobre todo en los medios educativos. Hasta Tec Milenio abrió un Instituto de Ciencias de la Felicidad, si pueden creerlo.

Yo no creo en la felicidad. Por supuesto que existen los momentos felices, pero la felicidad como una especie de estado existencial me parece una ilusión muy estúpida.

Algo obvio es que “ser feliz” es completamente subjetivo. Hay decenas de estudios cognitivos que demuestran que la idea de felicidad depende mucho de la memoria y de las impresiones presentes, que son cambiantes. Por ejemplo, si a alguien le preguntan si es feliz, nos responderá sí, no, más o menos, no lo sé. Pero si antes de hacerle esa pregunta le piden hablar sobre su matrimonio, la respuesta a si es feliz va a ser distinta de como sería si no se hubiera tocado ese tema. Igualmente, si acaba de comer su platillo favorito y planea una tarde divertida, probablemente sus impresiones van a ser favorables; pero si esa mañana se descompuso su coche o tuvo una pelea con su jefe, sus respuestas van a ser menos bonitas.

En segundo lugar, voy a citar a Bernard Shaw: “There are two tragedies in life. One is to lose your heart’s desire. The other is to gain it.” Creemos que seremos felices si obtenemos un empleo bien remunerado, nos casamos, nos sacamos la lotería, etc. Y, en efecto, al momento de conseguir esas cosas nos sentimos felices. Pero con ellas vienen cambios en nuestros estilos de vida, muchos de los cuales son impredecibles, y debemos adaptarnos a ellos. Cuenta la leyenda que el sabio Solón le advirtió al rey Creso de Lidia —quien le había preguntado si él no debía ser considerado el hombre más feliz del mundo— que “La observación de las numerosas desgracias que afectan a todas las condiciones nos impide ser insolentes sobre nuestros actuales disfrutes, o admirar la felicidad de un hombre que todavía puede, con el tiempo, padecer cambios. Pues el futuro incierto todavía está por venir, con todo tipo de futuros; y sólo aquel al que la divinidad ha garantizado una felicidad continuada hasta el final puede ser llamado feliz”. Es decir, si te consideras feliz, eres un ingenuo, porque no sabes cuándo la vida podrá darte un revés.

En tercer lugar, está la objeción psicoanalítica, que también tienen que ver con lo que dijo Shaw. No sabemos lo que realmente necesitamos. Creemos saberlo, pero cuando lo obtenemos, entonces nos damos cuenta hasta qué punto ese objeto de deseo representó una realidad y hasta qué punto fue sólo una fantasía. Como el hombre que quiere divorciarse de su esposa para casarse con la amante, pero cuando finalmente se arma de valor y lo hace, descubre que no está tan contento como esperaba.

En cuarto lugar, está el otro argumento psicoanalítico, que dice que el autoconocimiento sólo puede ser obtenido a través de la psicopatología. Solamente enfrentándonos a nuestros miedos, deseos ocultos, represiones, neurosis y/o psicosis, podemos expandir nuestras consciencias y volvernos más sabios. ¿Se han preguntado por qué las grandes obras de la literatura universal suelen mostrar un sentido trágico de la vida? Porque, nos guste o no, la tragedia está en nuestra naturaleza, y el sufrimiento es parte de nuestro proceso de crecimiento anímico y espiritual.

En quinto lugar, la “psicología positiva”, filosofías new age y otras tendencias de este tipo tienen un significado social programático, que, en pocas palabras, consiste en evadir la realidad. Cobran más fuerza cuando más terribles están las cosas en el mundo. El que en estos momentos estén proliferando como mosquitos no es una buena señal.

Es un cliché medio tonto decir que la gente más deprimida suele ser la más inteligente. Eso no es verdad, pero sí está comprobado que las personas más cínicas, desilusionadas con la vida y que tienden a una visión sombría del mundo, son las que están más conscientes de sus propias limitaciones y las que suelen ver las cosas de manera más realista. También son las menos susceptibles a ser engañadas: cuando nos sentimos felices, bajamos mucho la guardia y tendemos a ser complacientes, como lo sabe cualquier niño que sólo le pide permisos o dinero a sus padres cuando están de buen humor.

El objetivo en nuestras vidas no es ser felices, sino encontrarles sentido. Y, como podrían confirmárnoslo muchos mártires, místicos, revolucionarios, pensadores y científicos que tuvieron que luchar toda su vida contra corriente, el significado que le damos a nuestras vidas no siempre está guiado por una idea de “felicidad”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s