Parece que uno de los mejores lugares para esconder dinero y objetos valiosos es el librero. Mete los billetes entre las páginas de un libro de algún autor poco conocido, o de un libro académico, y estará bastante seguro. Incluso hay quienes venden estuches y joyeros en forma de libros, lo cual es una excelente idea (una amiga, por ejemplo, tiene uno que aparenta ser Los tres mosqueteros de Dumas; es un escondite genial: yo soy licenciado en Letras y no conozco a una sola persona que haya leído ese libro).
Si un ladrón común se mete a tu casa, desordenará los cajones, vaciará en closet, buscará debajo de la cama e incluso en el escusado, pero lo más probable es que deje los libros en paz. ¿Por qué?
La mayoría de la gente dirá que leer es aburrido, que ésa es la causa de su desdén. Que prefieren ver TV, perder el tiempo en Internet, jugar videojuegos, que su capacidad de atención es limitada, etc. Otros dirán que prefieren vivir a leer, que los libros no les van a enseñar gran cosa, o que uno no hace dinero leyendo. Pero me da la impresión de que es más que sólo eso. Los libros ocasionan una verdadera aversión en la gente. A menos que se trate de algo sancionado por los medios, de un bestseller recomendado en periódicos y TV, no van a agarrar un libro: y muchos incluso, si bien compran bestsellers, no los terminan, y a veces ni los tocan.
Y es que la gente muchas veces prefiere ser ignorante. Es una defensa psicológica. ¿Cómo funciona esto? Una característica esencial del neurótico es la formación de un self idealizado; el comportamiento de la persona entonces trata de ajustarse a la imagen idealizada de sí misma, en vez de a quien realmente es, y así batalla mucho para desarrollar y explotar su verdadero potencial. Se interponen en el camino el orgullo o la vergüenza, en ocasiones los persecutores internos pueden ser muy despiadados. Y al formarse una imagen falsa de sí mismo, por ende se forma también una imagen falsa del mundo en general. La evasiones se manifiestan en comportamientos compulsivos (trabajoholismo, adicción al juego, idealismo, por mencionar algunas), en máscaras casi perpetuas (sonreír todo el tiempo, comportarse como tipo rudo y duro, etc.), en actitudes depresivas, y hasta se convierten en sistemas ideológicos. Esto es algo más común de lo que nos gustaría creer, y a todos nos llega a ocurrir en algún grado.
¿Qué es lo que sucede cuando uno lee una novela o un cuento? La literatura -en palabras de un gran psicólogo llamado Rollo May- es la fuente de autointerpretaciones del ser humano más grande que hay. En los libros los autores reflejan todos sus temores y complejos, imprimen su situación interna de manera simbólica en las páginas. Es una forma no sólo de catarsis, sino de autoanálisis semiconsciente. La escritura de ficción siempre cumple con una función terapéutica. Pero no sólo eso. Si un autor es lo suficientemente sensible, puede imprimir símbolos que toman vida propia cuando otra persona los lee: en eso consiste la universalidad de la literatura. Si las figuras de un libro son espontáneas, si sus personajes se muestran genuinos y naturales, entonces nosotros podemos relacionarnos con ellos, proyectando en ellos nuestras propias situaciones interiores. Llenamos los huecos ambiguos, hacemos interpretaciones que en el fondo no son más que reflexiones acerca de nuestras vidas. Y esto, por supuesto, implica enfrentarnos en alguna medida a nosotros mismos, a todo aquello dentro de nosotros que no nos deja crecer.
Claro, no solamente las novelas hacen esto. También toda obra teórica (en realidad, toda obra creativa en general) refleja la personalidad de su autor, con todas sus implicaciones. A veces la crítica puede ser demasiado severa, puede abrirnos los ojos a cosas que preferiríamos que no existieran, ya que no son compatibles con nuestras imágenes idealizadas de nosotros mismos y del mundo. Si tratas de hacerle ver a un neurótico sus errores y lo equivocadas que son sus actitudes, su reacción natural será evitarte. Lo mismo ocurrirá con cualquier fuente de conocimiento.
Y está también el otro lado de la moneda: la vanidad intelectual. Existe mucha gente muy culta, pero cuya imagen idealizada consiste en ser omnisapiente, en saberlo todo. Hay incluso quienes se jactan de conocerse bien a sí mismos y a sus propias neurosis, mas no hace nada acerca de ello, ya que las comprenden sólo en el plano intelectual y no en el empático o emocional. Es por eso que encontramos tanto elitismo y cerrazón dentro del medio. Finalmente, ¿de qué te sirve saber tanto si no puedes sacar adelante lo más esencial en ti mismo? Y por cierto, esta gente no le teme a los libros en general; sólo a aquellos que más amenacen con agrietar sus barreras neuróticas.
Ése es el gran drama de la cultura.
Se necesita disciplina para leer con tantos distractores, con tanto ir y venir, contra esa corriente de superficialidad que a veces nos arrastra.
Así me siento yo. Mil veces.
Leí Momo en un muy buen momento, en el indicado, jaja, cuando sentía mas el cansancio y la falta de tiempo, cuando habían un millón de misterios sin resolver. Sigue dandome lecciones aunque hayan pasado meses desde la última hoja, y no son agradables, pero si valiosas.
Toda esa onda Peña Nieto hace histórico el momento en que los libros tuvieron su momento protagónico en México. Y pensar que se trata sólo de un chiste. Poco profundizaron para ver más allá de un político que sólo es el reflejo de la sociedad mexicana, de los órganos y los mecanismos que lo colocaron en la posición en la que se encuentra ahora.
Este es el momento para que los licenciados en letras hagan de las suyas.
Adivina, estoy leyendo a Banana Yoshimoto.
Te extraño Kurt. Te mando un abrazo grande y fuerte.
Sí, todos los libros tienen su momento, y uno no siempre está muy de ganas para ellos. Disciplinarse para leerlos no es nada fácil -yo todavía batallo mucho con lo cansado que me deja el trabajo, las atenciones a la familia, el horario irregular y todo eso-, pero buscarles aunque sea media hora al día vale la pena. Leer es como hacer alquimia: si mezclas los elementos correctos y las estrellas están en el lugar apropiado, puede haber reacciones bien complejas y extrañas, que no te esperas para nada. Jaja, hiciste que me dieran ganas de leer Momo otra vez.
Fíjate que al principio pensé que lo de Peña Nieto no iba a llegar muy lejos, porque, pues ¿cuánta gente puede nombrar 3 libros que la hayan marcado? Pero siendo una figura inflada hasta fuera de órbita, cualquier alfilerito la revienta, y una estupidez dio paso a otra y a otra y a otra y la cadena se ha vuelto casi imparable. Me hace feliz.
También te extraño, Marisol. A ver cuándo me doy la vuelta por allá y platicamos más a gusto. Un abrazote.