Honestamente, no puedo ser optimista respecto a la situación actual de México. De verdad quisiera pensar que las cosas pueden mejorar, pero decir que la realidad es cruda, es poco.
Calderón lleva 5 años afirmando que vamos ganando la guerra; sin embargo, la violencia escala exponencialmente. Contrario a lo que muchos dicen, las cosas no van a empeorar antes de mejorar: van a empeorar antes de empeorar más.
¿Por qué? Es simple: el dinero sigue fluyendo a las manos del narco. Mandar al ejército a enfrentar al narco es necesario, cierto, pero por sí mismo eso no va a resolver nada. Estamos peleando contra una hidra: sus recursos son infinitos. Si sólo cortamos cabezas, le crecerán más y más. Es necesario cauterizar las heridas, atacando al narcotráfico (si se le puede seguir llamando así, considerando que ya es toda una industria de crímenes de todo tipo) donde más le duele: las finanzas. Si la guerra resulta mala para los negocios, ésta va a parar. Si la violencia sólo se ha recrudecido es porque el dinero no se acaba.
¿Por qué Calderón ha descuidado tanto ese aspecto tan crucial? Porque está atado de manos: no quiere destapar la cloaca política. Atacar la economía del narco implicaría descubrir a todos los involucrados, en todos los niveles. ¿Por qué no declarar a los cárteles como terroristas ante la ONU y así conseguir ayuda internacional que dé cacería al patrimonio del narco fuera del país? Además del precio para los políticos mexicanos (quienes evidentemente no están en control del país), está la ambivalencia de Estados Unidos: por una parte, se les podría presentar una oportunidad para intervenir en territorio mexicano, lo cual hace que se froten las manos; pero por otro, habría un elevado costo social, especialmente en cuestión de migración. EU, obviamente, prefiere buscar una opción en donde puedan hacer lo primero sin tener que lidiar con lo segundo. Como si existiera.
Y mientras EU hace eso, México arde. Llegamos al sexto y último año del mandato de Calderón. En este punto, la clase política sólo piensa en las próximas elecciones. El presidente ya casi no tiene poder alguno: debe buscar acuerdos que le beneficien a él y a todos a quienes les vendió su alma. Hay un vacío de poder en medio de una guerra que se intensifica a pasos gigantes.
¿Qué va a pasar? Durante este año vacío no se va a implementar nada sustancial en materia de seguridad: eso se le va a dejar a la próxima administración. ¿Qué es lo que tiene que suceder para que finalmente los políticos hagan lo que deben hacer? Piensen en lo que pasó con el Casino Royale aquí en Monterrey: antes del ataque, había una muralla china alrededor de los negocios turbios de los casinos. Era imposible detenerlos. Tuvieron que morir 52 personas para que se empezaran a investigar las irregularidades y se clausuraran casinos. Y falta ver que lo lleven a sus últimas consecuencias, lo cual es dudoso.
Todo esto me hace pensar que no se atacarán las finanzas y el patrimonio de los cárteles hasta que el país llegue a un nivel de destrucción cataclísmico. Sólo cuando nuestras ciudades empiecen a parecerse a Sarajevo, Gaza o Grozni, los políticos pensarán en sacrificarse un poco. ¿Creen que una catástrofe como ésas no puede ocurrir? La psicología de estos criminales me hace pensar que es más que posible: no creen en nada, son máquinas insaciables de destrucción, tanto propia como ajena. Su guerra no sólo la libran entre ellos: es contra toda la sociedad en sí. No piensan a futuro, no planean nada, viven para matar, gastar dinero, tener sexo y drogarse. La vasta mayoría son psicópatas puros, llenos de odio y resentimiento. Tal vez lo peor de todo es que no siguen jerarquías ni códigos, como las mafias tradicionales: ellos no le son leales a nadie ni a nada, y están esparcidos en miles de células autónomas por todo el país. Y actualmente tienen un flujo de armas y dinero casi ilimitado.
La impotencia del ciudadano común es grande. Me gustaría pensar que se puede “concientizar” a la gente, pero es sólo una fantasía. La humanidad lleva milenios tratando de concientizarse de muchas cosas. No hay tiempo para lograr eso. A veces la única manera de aprender es a golpes. Y aún así, en ese aspecto la historia (particularmente la mexicana) no está de nuestro lado.
Ahorita me preocupa la violencia. Eventualmente terminará de una forma u otra, pero lo que siga será igual de preocupante. Y es que quizás sea inevitable que a lo largo de esto entremos en un estado policial o militar. Las dictaduras florecen en tiempos de guerra.