Después de las 52 (o más) muertes ayer en el Casino Royale, el resto de los casinos -plagados de las mismas irregularidades legales y con afiliaciones criminales igualmente peligrosas- siguen teniendo bastante afluencia de clientes. En cierta forma recuerda lo que pasó en EU a finales del siglo XIX y principios del XX, con las ruedas de la fortuna y montañas rusas de varios parques: hubo accidentes horribles donde murieron decenas de personas, no obstante los parques siguieron funcionando y se volvieron más populares que nunca. La gente hacía filas enormes para subirse a la misma montaña rusa que unos meses antes había matado a familias enteras.
A la gente le gusta el sabor de la muerte. Es mucho pedir que hagan cualquier cosa en el plano personal para dejar de alimentar al crimen cuando no les importan sus propias vidas.
Desde el principio la guerra de drogas fue una guerra contra la población civil. Y lo que más me asusta es muy dudoso que haya llegado a su punto culminante. Quizás se haga una que otra cosa para remediar los problemas con esos negocios y similares, pero muerto el niño tapan el pozo y es seguro que no lo van a hacer bien. Las autoridades se van a la lavar las manos (la presidenta del Tribunal de lo Contencioso le echaba la culpa a “los generales”, el alcalde de Monterrey al Tribunal de lo Contencioso, y los políticos federales a Estados Unidos), la corrupción va a seguir intacta y, en consecuencia, la violencia y el terrorismo van ir en ascenso exponencial. Supongo que necesitamos terminar como Chechenia o Bosnia para aprender lo que hay que hacer… Y aún así tengo mis dudas de que lo consigamos.